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06
Noviembre

MARIO BOSCH, ABOGADO.FRUTO DE ABEL Destacado

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Publicado en Politica

“UN HOMBRE ÍNTEGRO ES AQUEL QUE NO SE HACE EL DISTRAÍDO ANTE EL DRAMA DE SU TIEMPO”. ALBERT CAMUS

Por Bosco Ortega/Caminaba, lento, por Callao, hacia Rivadavia, gozando de la noche apacible. Lo distinguí, de inmediato, por su cabello níveo y su rostro de infante perpetuo; vestido con camisa celeste, manga corta, y vaquero. Casi osado, toqué su brazo al pasar. Se detuvo, sin contrariarse, permitiendo que manifestara el motivo de la súbita detención. Expresé, telegráfico y plural, que admirábamos la conciencia jurídica y la conducta cívica de su fuero de magistrado. Le manifesté que la Providencia del tiempo, juez de la historia, permitiría a sus compatriotas interpretar su mandato de justicia; jaqueado, hoy, por sus propios pares. A manera de despedida, identifiqué mi condición de chaqueño, y él confirmó: “Visitaré al Chaco”. Cruzamos saludos y continuó la marcha con síncopa idéntica. Fluía de su persona la modestia de la grandeza.

Testigo del encuentro es Ramón Mártir Ríos, docente y escritor chaqueño. Aquel caminante de veredas porteñas era Baltazar Garzón Real, jurista y juez español, de litigación internacional, querellador del general Augusto Pinochet, por violación de los Derechos Humanos en Chile, y del gobierno de su país por las víctimas del régimen franquista, entre otras causas notables. Hoy se encuentra suspendido por el Consejo General del Poder Judicial de España, con reclamo de restitución a su cargo en diversas capitales del mundo por movimientos de conciencia cívica. En la actualidad, defiende a Julian Assange, fundador de WikiLeaks, refugiado en la embajada de Ecuador, en Londres.

Éste hijo de Jaén es tributario elogiador de los juicios a los responsables militares del Proceso de Reorganización Nacional. Reconoce a los juzgamientos sucesivos de los jerarcas nazis, en Nuremberg, y de los coroneles griegos, con la aclaración, imprescindible, de que ambos procedimientos fueron organizados bajo tribunales castrenses. Asevera que la República Argentina constituye un testimonio excepcional en la juridicidad planetaria, pues no reconoce antecedentes de tribunos civiles que juzgaron crímenes de lesa humanidad, en orden a la Carta Magna. Al incluir Garzón a servidores públicos del Derecho en su elogio civilista, incluye, con justicia tácita, también, a Mario Bosch, abogado chaqueño.

Los militantes nativos, peinadores de lunas, como el propio Baltazar, recordamos el inicio de un espigado muchacho, locuaz y temperamental, en la recién amanecida asociación Hijos, a inicios de los noventa. Estudió y militó, simultáneo, junto a Dafne Zamudio, Emilio Goya, Patricia Acuña, Renzo Acuña, Natalia Uferer, y otros herederos de la épica inconclusa de sus padres. Lo situamos en los actos de la Placita Belgrano, espacio originario de su construcción generacional, y en las caravanas hacia Margarita Belén, holocausto emblemático, caminando junto a Lorenzo Ávalos, Chiquito Mena, Luis Díaz Córdoba, Zulema Maciel, sobrevivientes condecorados por las heridas de la memoria resistente; vivos, ahora, en el “cementerio de la memoria”, según Rodolfo Jorge Walsh.

Treinta y cinco décadas, entre dos siglos, transcurrieron en lúcida y paciente resiliencia, para hacer justicia, a plena luz del derecho y con garantías constitucionales. Aquel pibe, con su bastón de mariscal en su mochila, asumió el llamado del destino que lo preparó en el silencio fecundo de párpados ávidos y madrugadas de exámenes.

Después, rodeado por fojas arduas y obeliscos de expedientes, como un forense de la memoria o un arqueólogo de la historia, ofrendó vigilias, inciertas y posibles, para redimir huesos sin cruces y llantos sin altar, gritos suspensos y clamores heridos; agobiado por la rutina que hace baqueanos a los hombres que deben luchar con la burocracia; encendido por la fatiga obstinada que torna al monitor un sucedáneo de la lámpara del insurgente y una estrella íntima que arde, sin ocaso, en medio de la anomia y el prevaricato, el latrocinio y la impunidad. Atribulado, pero no derrotado; a la manera de un Saulo de Tarso, enfrentó la anomia y la inercia, entre otros vicios políticos, que impunizaron a los fraticidas por pactos de silencio con el Bestiario militar, privilegios de vecindad o portación de apellido. La disciplina, aliada de la voluntad, lo acompañó, junto a otros obstinados convencidos, en sucesivos combates a la intemperie de la lucidez frente a los ejércitos del impedir.

Transitó el páramo que abrieron las avanzadas de pretéritas organizaciones de derechos humanos, y en una de esas picadas brotó una flor vertebrada por la savia de la paciencia: la reapertura de la causa de la Masacre en Margarita Belén (13-12-1976); en rigor, “Larrateguy, Jorge Alcides y otros s/ Homicidio agravado y desaparición forzada de personas. Expediente 306/2001, lo distinguió en calidad de querellante principal.

La sentencia del 17 de Junio de 2011, que incluyó a 138 testigos orales, condenó a reclusión perpetua a Horacio Losito, Jorge Daniel Rafael Carnero Sabol, Athos Gustavo Renés, Ricardo Guillermo Reyes, Aldo Héctor Martínez Segón, Germán Emilio Riquelme, Ernesto Jorge Simoni y Luis Alberto Patetta, respectivamente. Otros 13 genocidas fueron condenados en la denominada Causa Caballero.

Las víctimas fusiladas por fuerzas conjuntas del Ejército y la policía chaqueña, fueron Néstor Carlos Sala, Carlos Alberto Zamudio, Patricio Blas Tierno, Luis Ángel Barco, Roberto Horacio Yedro, Delicia González, Luis Alberto Díaz, Carlos Alberto Díaz, Fernando Gabriel Piérola, Raúl Caire, Julio Andrés Pereyra, Carlos Alberto Duarte, Carlos Tereszechuk, Arturo Fransen, Ema Beatríz Cabral, Reynal Amalio Zapata Soñéz, Manuel Parodi Ocampo, Mario Cuevas, Alcides Bosch; y otros no identificados, a investigar, que responderían a la identidades de Eduardo Fernández, Dora Noriega y Raúl Méndez.

En otro siglo, logró verdad probatoria del martirologio chaqueño, compartido junto a José León Suárez, el bombardeo a Plaza de Mayo, La Patagonia trágica, Napalpí, Ingenio Ledesma, Las Palomitas y Rincón Bomba.

El camino de la reparación histórica es complejo, difícil y de largo aliento para sus peregrinos libertarios. Mario Bosch venció con el derecho, se templó con la justicia. Ya ingresó en la historia sustantiva de la juridicidad argentina. Pero no se delecta en las mieles del triunfo. Sabe que debe mantener vigilia crítica (el enemigo nunca descansa) y velar las armas de la paz.

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