18
Septiembre

19 SEPTIEMBRE 2019 REPORTE24//

CON EL OBJETIVO DE PREVENIR FUTUROS CÁNCERES DE PIEL Y CONCIENTIZAR ACERCA DE LA IMPORTANCIA DE LOS CHEQUEOS DE LUNARES, LA MARCA LA ROCHE POSAY LLEVA ADELANTE UNA CAMPAÑA NACIONAL GRATUITA DE PREVENCIÓN DEL CÁNCER DE PIEL DENOMINADA “SALVÁ TU PIEL”.

La misma, con el apoyo y acompañamiento del municipio, se instalará en Resistencia el próximo jueves 19 en la plaza 25 de mayo, de 10 a 13:30 y 16 a 19:30.

Un tráiler móvil con dos consultorios recorre las principales plazas del interior del país y Buenos aires donde las personas que asisten son atendidas por un equipo de dermatólogos, quienes revisan y controlan los lunares, brindando un asesoramiento personalizado sobre el protector solar acorde a su tipo de piel.

Para la actividad en la ciudad, la campaña cuenta con el apoyo del Municipio de Resistencia, a través de la Secretaría de Cultura y Desarrollo Social a cargo de Sebastián Benítez Molas, quien insistió en la necesidad de realizarse los chequeos anuales para prevenir la enfermedad. “Esperamos que los vecinos y vecinas de Resistencia y alrededores puedan acercarse al trailer móvil y aprovechen la ocasión para que sean revisados por expertos en dermatología quienes además les harán un diagnóstico del tipo de piel y brindarán consejos a los pacientes de cómo deben cuidarse del sol”, agregó.

En este sentido, la Directora General para la División Cosmética Activa de la empresa indicó que el año pasado pudieron chequear los lunares de más de 4.900 personas, lo que permitió que detectaran más de 500 lesiones sospechosas. “Uno de cada tres cánceres es de piel, por eso queremos llegar con nuestro mensaje a toda la comunidad y contarles la importancia del diagnóstico temprano”

 

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02
Septiembre

02 SEPTIEMBRE 2019 REPORTE24//

DICE QUE HIZO PÚBLICA SU HISTORIA PARA APORTAR SU "GRANO DE ARENA" A LA LEGALIZACIÓN DEL AUTOCULTIVO. AQUÍ RELATA CÓMO SE DECIDIÓ APLICAR ESE TRATAMIENTO, LAS DUDAS INCIALES Y LAS DIFICULTADES QUE DEBIÓ ATRAVESAR.

Imagen: Guadalupe Lombardo

Por María Daniela Yaccar//PÁGINA12//Hubo un momento en que Lisandro, único hijo de Valentina Bassi, no dormía más de cuatro horas. Le habían diagnosticado Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sus padres se resistían a darle psicofármacos. Consultaron al “mejor pediatra”. Probaron con homeopatía, Flores de Bach, melatonina. Nada daba resultado. La desesperación crecía. No quedó más remedio que recurrir a un antipsicótico que como efecto colateral generaba sueño. “No quiero dar nombres, pero era una droga pesada, una bomba atómica. Demasiado para un nene chiquitito”, recuerda la actriz. Cuando se hizo necesario aumentar la dosis decidió buscar otro camino: comenzó a preparar para Lisandro aceite de cannabis. En este camino lleva más de tres años. Y en la actualidad el niño, que tiene 11, descansa lo más bien.

“No dejó el psicofármaco --aclara Bassi--. Cambié por uno mucho más inocuo, le doy una dosis mínima y el cannabis. Muchas veces las terapias son complementarias”. Fue su cuñado el primero en hablarle del tema. Es reportero gráfico y había quedado “enloquecido” después de hacer una nota a referentes de la asociación civil Cannabis Medicinal Argentina (Cameda). Pero pasaron unos meses hasta que la actriz consideró el consejo. Al principio lo desestimó por completo. “En mi mentalidad, recontra abierta y progre, me pareció que darle cannabis a mi hijo era una locura. Además, todavía Lisandro respondía bien a los tratamientos. Pero cuando su trastorno de sueño se volvió insoportable, las palabras de mi cuñado volvieron a mí”, cuenta.

Pese a no estar muy informada en aquel entonces, la neuróloga del nene acompañó el proceso. Puso a Bassi en contacto con otra mamá, Roxana Chang (de la organización Cultivando Conciencia), quien se convirtió en su “gurú” en el cultivo y la preparación del medicamento. Consciente de que su historia es la que atraviesan muchas familias con dudas, desesperación y temores, en marzo de este año la artista hizo pública su decisión. También supuso que así podía aportar “un grano de arena” para que el autocultivo, prohibido en el país, sea legal. Subió a su cuenta de Instagram una foto suya al lado de la planta (de la especie índica) que le provee el aceite y se pronunció “harta de hacer todo a escondidas”. Su accionar sería doblemente clandestino. No sólo porque cultivar está prohibido, sino también porque la Ley del Uso Medicinal de la Planta de Cannabis (Nº27.350), aprobada hace dos años, sólo contempla casos de epilepsia refractaria, excluyendo afecciones que también pueden tratarse con el medicamento (cáncer, dolor crónico, Alzheimer, fibromalgia, Parkinson, TEA).

--¿Con qué dificultades se encontró al ingresar a este mundo?

--Tardé en encontrar la cepa. En trastornos del sueño es complicado, en casos de dolor crónico más cepas ayudan. Al principio no encontraba grandes mejorías o notaba que Lisandro retrocedía. Después, lo más complicado es el cultivo. Que la planta crezca sana, sin bichitos, sin hongos, fuerte, con mucha propiedad medicinal. Es un aprendizaje continuo. Cuando fui al primer taller, uno que daba Roxana, sentí que todo esto era japonés. A mí ni en cuarto grado me había salido plantar. No me crecían los garbanzos ni los porotos (risas). Empecé de menos cien. Encima, nunca me interesó mucho el porro. Para relajarme elijo el vino. Después encontré el rumbo. Participé de talleres de Mamá Cultiva, me empecé a informar. Es un tema que me interesa mucho. Miré todas las conferencias de Marcelo Morante (uno de los profesionales de la salud que más conoce del tema en el país), de las cuales entiendo un 20 por ciento, pero me sirve. Un documental que me sirvió mucho es El científico, sobre Raphael Mechoulam, padre de la medicina cannábica moderna. Me hizo perder el miedo. A partir de ver esa peli empecé a cultivar. Fue mi motor. Hasta ahí tenía muchas preguntas.

--¿Qué conclusiones sacó a lo largo de este tiempo?

--Estoy bárbara ahora. Me calmó la vida. Mi vida iba a ser la del psicofármaco. Si mi hijo a los siete, ocho años arrancaba con eso... ¿qué le quedaba para los 15 o 20? El panorama me entristecía. No es que esté en contra de los psicofármacos, que muchas veces son necesarios. Pero el cannabis entra en un vacío que deja la alopatía. Con el autismo no tienen la más puta idea, están desorientados. Dan fármacos para aliviar algunos síntomas, pero no hay uno que haga que el chico sea menos autista. En el caso del dolor crónico, tampoco saben qué hacer. La alopatía no tiene respuestas. Ahí entra el cannabis. Por eso los médicos tienen que apropiarse de él. Es una herramienta complementaria. Muchas madres sienten soledad. Y no está bien ocultar el uso del cannabis al médico. El debe saberlo. Lamentablemente, todavía es tabú. Creo que poco a poco va a ir dejando de serlo.

--¿Cuáles son las principales ventajas del cannabis como medicamento en comparación con los tradicionales?

--Lo ideal sería que yo no le dé nada a Lisandro. Pero lo prefiero porque, con él, la dependencia no sucede y es de muy baja toxicidad. Mi problema se solucionó. Hoy Lisandro duerme perfecto. Cuando no dormía estábamos todos relocos. Fue un año muy intenso, yo encima trabajaba de noche. Las terapeutas me decían ‘no puedo trabajar con Lisandro así’. Estaba zombie. Después de llegar al fármaco, a los tres meses, empecé con el cannabis. Entonces nunca le subí la dosis del fármaco, sino que la bajé.

--¿Por qué es tan importante que el autocultivo sea legal?

--Importar también sería ilegal en mi caso. Hay aceites de CBD (uno de los principales cannabinoides, aparte del THC), que no tienen nada de psicoactividad, mucho más permitidos, pero no sirven para todo. Los que pueden importar tienen que ir a abogados y hacer un kilombo bárbaro. Y no recomiendo el mercado negro. Yo nunca compré. Sé que hay cultivadores de buena fe, que venden aceite barato. También sé que algunos lo venden carísimo, y ponen aceite de oliva con un poco de colorante. Recomiendo hacerlo porque te garantizás que no entró ningún hongo o que no tiene fertilizantes. Lo mejor es encontrar tu propio camino. Como yo encontré mejorías, eso me hizo seguir. Nada implica que después no tenga que cambiar, pero ya tengo claro por dónde ir. Es lindo además: hay algo placentero en cultivar. Ver la planta desde la semillita, verla germinar, saber que es para mi hijo... se arma algo por fuera de lo científico. Algo terapéutico, emocional. El contacto con la tierra es hermoso. Ahora tengo ganas de tener una huerta. Aunque es cierto que si hubiera un dispensario, con regularizaciones y control de calidad, no estaría cultivando. Muchas veces tengo dudas con mi aceite y lo mando a analizar a universidades.

--¿Por qué decidió hacer pública su situación?

--Nunca me importó que el autocultivo fuera ilegal ni tuve miedo. Tenía mucha necesidad. Pero con el tiempo me empezó a molestar. Cuando vi que funcionaba me pregunté: ¿por qué tengo que hacerlo a escondidas? Si es superlegítimo lo que hago... Ahí salí a pronunciarme públicamente. Era un día en que estábamos corriendo las plantas para que no se vieran porque habían crecido mucho. No suelo hablar de mi vida privada, pero sentí que podía aportar un grano de arena. También fue porque me enteraba todo el tiempo de que metían preso a alguien. Estoy en un chat de mamás y de personas que cultivan para sus problemas o para sus abuelos. Les sacan las plantas y las meten presas. Después van las redes solidarias y a las 24 horas salen, pero les quitaron la medicina. Por eso es importante luchar por la legalidad del autocultivo, porque somos los más vulnerables. Si le quitan la medicina a mi hijo no sería tan grave, pero hay chicos con síndrome de Tourette o epilepsia. Que el Estado se ponga de acuerdo después en cómo, pero que no quite la medicina. Me gustaría vivir en un país donde no sea tabú hablar de esto con el médico, donde los estudiantes aprendan todo lo que se sabe hasta hoy. No falta rigor científico como muchas veces se dice. Falta que se aplique la ley. Faltan estudios clínicos, porque las farmacéuticas no están tan copadas con hacerlos. Hay una clase de negocios que no alcanzo a entender, pero sí puedo llegar a pensar que hay cosas que no convienen a ciertos actores. Porque una planta no se puede patentar. De hecho hicieron sintéticos del cannabis para poder patentarlos. No funcionó, no les gustan a los pacientes, tienen mucho efecto psicoactivo. Así que lo mejor que se tiene hoy es la planta.

--¿Cree, entonces, que la aplicación de la ley no avanza por los negociados que hay detrás?

--Celebro todo lo que desestigmatice la planta. Pero lo que está pasando en Jujuy (la empresa estatal Cannabis Avatara, dirigida por un hijo de Gerardo Morales, asociada a la privada Green Leaf Farms International, fue habilitada al cultivo) me huele más a negocio que a salud. Cuando las puertas de la legalidad se abren para el negocio y se cierran para la salud, cuando meten presa a una mamá y dejan que venga un canadiense a plantar no sé cuántas hectáreas para exportar a su país y no sé cuánto quedará acá... me huele a negocio. La ley dice que el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) tiene que plantar y el Conicet estudiar. Ya es medio chueca, porque no habilita el autocultivo y atiende casos de epilepsia refractaria solamente. Me puse contenta cuando salió, pero no se están haciendo más que estos negocios. No es fácil en todo el mundo, pero hay países más avanzados, como Uruguay o Chile. Nosotros estamos atrasadísimos.

--Volviendo al uso que le da para su hijo, la conexión entre el cannabis medicinal y el autismo no está muy explorada, ¿no?

--El autismo no lo está. No se sabe mucho de dónde viene. Ahora se habla más, parece que hay más casos. No tengo idea de si es así o si hay sobrediagnóstico. Están todos medio desorientados y no hay una terapia fija. Vas viendo, y el cannabis entra dentro de eso. Sé que hay mamás que les dan a sus hijos para ver si se concentran más. Yo prefiero que no. También sirve para casos de violencia. Lisandro no los tiene. No hay que olvidar que es un medicamento. Niños y cannabis, lo ideal sería que nada. La gente me pregunta un montón, pero yo no soy médica. Me han preguntado por hiperactividad. Mi hijo camina por las paredes, pero no me parece darle. Que vaya a descargar por algún lado, que canalice, haga terapia. Es una opinión recontra personal. Quizá en esos casos tendría que ser algo muy sedativo, y sea conveniente recurrir al CBD, que es completamente inocuo y no tiene nada de malo. El THC puede ser psicoactivo y hay que tener más cuidado.

--¿Cómo es la crianza de un nene con TEA?

--Para mí el diagnóstico es un trámite. No me resuena el nombre “autismo” para mi hijo. Lisandro es Lisandro, con sus características muy particulares. Recontra particulares. Más raro que la mierda (risas). El espectro autista es amplísimo, no hay un caso igual a otro, entran en una bolsa un montón de chicos muy diferentes. A él le cuesta interactuar, habla en su propio idioma. El lenguaje hablado lo tiene último en la lista. Prefiere comunicarse de otra forma, corporalmente por ejemplo. Se copa con los sonidos de las palabras y no tanto con su significado. Yo quedo medio maravillada. Me preocupa su futuro y me pregunto si podrá tener una vida independiente. Pero soy actriz. Toda mi vida busqué la singularidad, y me tocó el hijo más singular del mundo. Al principio una se preocupa más. Querés que sea como el otro, lo más común posible, pero te vas acostumbrando a sus diferencias. Lisandro es un misterio a develar.

--¿Qué les recomienda a los padres que están por iniciar este camino?

--Primero que consulten con el médico. El tiene que saber que uno va a empezar una terapia con cannabis. Es importante porque algunos fármacos se pueden contraponer, y sobre todo porque el médico lo tiene que saber, sea ortodoxo o no. En la sociedad está lleno de gente que usa cannabis. Lo tiene que saber para hacerse cargo. Después, sugiero ir a cualquier taller de las redes solidarias que enseñan a cultivar y hacer el aceite. Ver El científico, e informarse en You Tube, por ejemplo con los videos de la Fundación Daya, que se encarga del autismo y el cannabis en Chile, o del Observatorio Español del Cannabis Medicinal. Eso es lo que yo hice y me sirvió.

 

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01
Agosto

01 AGOSTO 2019 REPORTE24//

UN EXPERTO ADVIERTE SOBRE LAS BARRERAS PARA COMPLETAR EL CALENDARIO

UN INFORME PRESENTADO POR LA FUNDACIÓN BUNGE Y BORN SEÑALA QUE EL AÑO PASADO SE APLICARON CASI 1.100.000 MENOS DOSIS QUE EN 2017. EDUARDO LÓPEZ, DEL HOSPITAL GUTIÉRREZ Y UNO DE LOS AUTORES DEL ESTUDIO, EXPLICA CUÁLES SON LAS DIFICULTADES EN EL ACCESO A LAS VACUNAS.

Por Renata Padín|Página12|Cada día hábil, 310 chicos que fueron llevados a vacunarse no pudieron hacerlo. Son casi 75 mil en el año. La cifra representa la población que debió haberse vacunado y lo intentó, pero hubo barreras que se lo impidieron. Es uno de los datos salientes del Informe de Confianza y Acceso a las Vacunas (ICAV) que presentó la Fundación Bunge y Born (FBB). El documento advierte también que en 2018 se aplicaron 1.084.279 dosis menos de vacunas que en 2017. Una de las conclusiones de los datos es que la disminución en la cantidad de dosis aplicadas plantea que con el tiempo habrá un aumento susceptible en enfermedades inmunosuprimibles. "Tenemos un calendario de vacunación al nivel de Estados Unidos o de Europa. Aquí el problema es el acceso”, aseguró el doctor Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y uno de los autores del informe.

--¿Qué barreras hay? --le preguntó Página/12 al especialista.

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--En primer lugar, la mayor barrera que encontraron las personas para vacunarse fue que cuando fueron al lugar (al vacunatorio, al hospital) no había vacunas. El 73 % de las personas no encontró la vacuna que necesitaba --explicó López, líder del proyecto “Observatorio de la Salud del Niño y el Adolescente” de la FBB. Y puso de relieve que una de las conclusiones del informe es que la cobertura en la Argentina es "sub óptima".

Y amplió: "Sólo con comprar las vacunas el Estado no garantiza que llegue a las personas que la necesitan. Las compras tienen que hacerse en tiempo y forma, ¡y cantidad!, adecuadas. Hay que prever que algunas dosis no podrán aplicarse (por roturas, porque no fueron bien almacenadas, por distintas causas). Luego hay que hacer una distribución que cubra todo el territorio."

En cuanto a las ​barreras de acceso​, el estudio identifica y cuantifica las de mayor influencia: accesibilidad a centros de vacunación, amplitud en cuanto a días de atención y horarios de vacunatorios, distribución de las vacunas, entre otros. El relevamiento, hasta el momento, arrojó que un 13% (entre un 11% y un 14% de la población, de acuerdo con las consultas) no logró vacunarse o vacunar a los menores que tenía a su cargo, la última vez que intentó hacerlo. Esta proporción es equivalente entre los hogares con y sin menores a cargo. Entre ellos, el faltante de vacunas aparece como el principal motivo, con mayor intensidad entre quienes tienen menores a cargo.

El efecto rebaño

“Si extrapolamos la encuesta a toda la población, teniendo en cuenta que en 2018 nacieron 728.000 niños en el país, podemos decir que hay 310 chicos por día hábil que quisieron ser vacunados y no pudieron”, aseguró López, y resaltó: “La vacunación es un indicador social de las políticas de Estado. Al mantener las barreras de acceso, se acentúan las desigualdades sociales”. "Si no hay un acceso fluido a las vacunas, no se logra el beneficio del efecto rebaño", insistió.

El efecto rebaño o inmunidad de grupo es un concepto que describe un tipo de inmunidad que se produce cuando al vacunar a una parte de la población se proporciona protección indirecta a los individuos no vacunados.​ En las enfermedades que se transmiten de persona a persona, es más difícil mantener una cadena de infección cuando una gran parte de la población es inmune. Cuanta mayor es la proporción de individuos inmunes, menor es la probabilidad de que una persona susceptible entre en contacto con un individuo infectado.

--¿Cómo funciona el efecto rebaño?

--Por ejemplo, los bebés de tres meses no pueden ser vacunados contra el sarampión, pero si los nenes más grandes y los adultos que están en contacto con él están vacunados, está más protegido frente a la posibilidad de contagio, porque se corta la cadena de propagación de los virus. Por eso (entre otras cosas), la vacunación debe estar en la órbita de la salud pública, no es sólo una decisión individual.

Como resultado preliminar del trabajo se desprende que mientras la opinión sobre las vacunas es la principal problemática de los países desarrollados, en Argentina el principal riesgo son las barreras de acceso.

"Los vacunatorios públicos atienden en 'horario de oficina' y están cerrados los fines de semana y los feriados. Entonces la gente de menores recursos encuentra una gran barrera para acceder a la vacunación. En cambio, la gente con más recursos, acude a los vacunatorios privados, que están abiertos hasta las 20, por ejemplo. Esta situación no es nueva, los horarios no cambiaron, pero está entre los mayores obstáculos para conseguir una óptima cobertura en inmunidad en todo el país", aseguró el médico.

La confianza en las vacunas

Los indicadores de la ​percepción de la población ​encuestada en relación con las vacunas arrojan una elevada confianza: un 96% de las personas considera que las vacunas son seguras y efectivas (entre un 93% como rango menor y un 98% de mayor rango de acuerdo a las preguntas). "En la Argentina hay un altísimo porcentaje de confianza en las vacunas, los grupos antivacunas no tienen gran preponderancia, aunque se observa que va en aumento", aseguró López.

Sobre este aspecto, el ICAV consigna que "se observa un incremento en la aparición de discursos de grupos antivacunas, y el índice internacional de confianza en las vacunas muestra que alrededor de un 2% de la población de nuestro país alega estar en desacuerdo con las vacunas, porque no las considera efectivas o incluso seguras. La gravedad de la situación llevó a la OMS a declarar la reticencia a las vacunas como una de las diez amenazas globales a la salud mundial". Y como ejemplo de la peligrosidad de la prédica de estos grupos, en el informe se expusieron algunos datos: en Francia, el 32% de la población cree que las vacunas no son seguras y hubo el año pasado en Europa 80 casos de sarampión (28 de esos enfermos murieron) pese a que es una enfermedad ampliamente controlable (en su difusión y en su gravedad) con la vacunación.

 

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26
Julio

26 JULIO 2019 REPORTE24//

LA OMS RECOMIENDA QUE EL 95% DEBE ESTAR VACUNADO PERO EL PROMEDIO EN EL PAÍS ES DEL 80%, SEGÚN UN INFORME AL QUE ACCEDIÓ EN EXCLUSIVA EL DESTAPE.

Carla Pelliza|La situación del sistema de vacunación de la Argentina es alarmante. Un informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) al que accedió El Destape en forma exclusiva, hay cientos de miles de niños y niñas que no tienen una cobertura garantizada por el Estado. Según la Organización Mundial de la Salud, el nivel ideal de alcance a nivel nacional no puede bajar del 95%, pero los números indican lo contrario y ponen en jaque el armado de un plan de salud pública ya que el país llega a un promedio del 80% y los niños y niñas de 11 años son el segmento más vulnerable.

Según un informe de la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles de la Fundación Soberanía Sanitaria de la Universidad Nacional de José C. Paz, durante 2016 y 2017 disminuyeron las coberturas de algunas vacunas. En el caso de la Sabin (dosis a los 6 meses), contra la poliomielitis, pasó de un 93% en 2015 a un 85% en 2017; la quíntuple (dosis de los 6 meses) que protege contra la difteria, el tétanos, la tos convulsa, la Haemophilus influenzae tipo b y la hepatitis B, pasó de una cobertura del 94% en 2015 a una del 88% en 2017. La vacuna contra la hepatitis A pasó de un 90% de cobertura en 2015 a un 87% en 2017. Finalmente, la vacuna neumococo conjugada 13-valente que previene la meningitis y neumonía por neumococo ha pasado de un 82% de cobertura en 2015 a un 78% en 2017. Cabe destacar que las tres primeras se mantenían por encima del 90% de cobertura desde 2009".

En base al informe de la AGN, en coberturas de vacunas a recién nacidos,143.125 bebés quedaron sin cobertura en 2016 contra 136.097 que lo hicieron en 2017. En ambos años, más de 700 mil sí fueron vacunados apenas nacieron. Estos números salen de la sumatoria total de las distintas provincias del país. Buenos Aires es la que mayor déficit tuvo en ambos años en este segmento, seguida por Córdoba y Santa Fe. En el país, el alcance fue del 81,1% en los dos períodos.

En el caso de los menores de un año, en 2016 hubo 95.416 niños y niñas sin cobertura contra 113.846 del año siguiente. También, más de 700 mil fueron vacunados en ambos períodos y nuevamnete Buenos Aires lideró el ranking de provincias con menor cobertura, seguida de Córdoba, Santa Fe y la Ciudad de Buenos Aires. A nivel país, la cobertura fue del 87,4% y del 84,2% respectivamente en cada año.

Ya en el segmento de niños y niñas de un año, 73.602 quedaron sin cobertura de vacunas en 2016 y 80.681 en 2017. Buenos Aires, Santa Fe, la Capital Federal y Mendoza son de las provincias con mayor déficit en este segmento poblacional. En total, a nivel país, se llegó a una cobertura del 90,2% en el primer período y del 89,1% en el segundo.

En el caso de los ingresantes al colegio, en todo el país se llegó a una cobertura del 86,7% en 2016 y del 88,9% al año siguiente. Esto quiere decir que en el primer año mencionado, 93.585 niños y niñas no tuvieron su vacuna y 80.567 tampoco fueron beneficiados al año siguiente. Una vez egresados del colegio preescolar para ingresar a la primaria, la cobertura alcanzó al 88% en 2016 (84.437 sin alcance) y al 90% en el período posterior (72.697 sin vacunar).

En lo que hace a los refuerzos, tampoco hay un alcance óptimo, que para la Organización Mundial de la Salud no puede bajar del 95% a nivel nacional. En todo el país se logró una cobertura del 78,8% en 2016 y del 73,3% en 2017. Esto quiere decir que en el primer año mencionado 159.220 menores quedaron sin su vacuna y 198.495 lo hicieron al período siguiente.

Finalmente, los niños y niñas de once años son los más afectados. En todo el país, sólo se alcanzó una cobertura del 56,6% en 2016 y del 49,7% en 2017. Así, 300.099 quedaron sin vacuna en el primer año al que se hizo referencia y 353.332 lo hicieron en el segundo.

 

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